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Estábamos acostumbrados a ir al este hermoso jardín, los montes y montañas de
Cataluña, cada fin de semana éramos como niños con nuestros juguetes 4x4,
circulando entre este manto de vegetación y flores de temporada.
Cada fin de semana descubríamos nuevos paisajes, cada uno mejor que el
anterior y más bonito, cubiertos de bonito césped y de bellas flores que
brillaban como estrellas. Los pájaros se posaban en los árboles, deleitándonos
con sus más bellas canciones.
¡Que felices éramos!
Un día un gigante que se llamaba…, digamos “ecololisto” vio que mucha gente
estaba jugando en el jardín, reviso como estaban las leyes, dijo: Mi jardín es
mi jardín y no voy a permitir que nadie juegue en el.
Creo un altísimo muro y puso un cartel: Prohibida la entrada, los transgresores
serán procesados judicialmente. Era un gigante muy egoísta.
Los que circulábamos con 4x4 no teníamos donde jugar, tratamos de hacerlo en
carreteras, pero allí no habían jardines. Nos acostumbramos a vagar al lado del
alto muro y hablar del hermoso jardín que había al otro lado.
Entonces llego la primavera, todo el país se lleno de flores y pajaritos, solo
el jardín del gigante continuaba el invierno.
Los pájaros no se preocupaban de ir a cantar en el desde que no habían
visitantes y los árboles incluso se olvidaron de florecer. Solo una bonita flor
levanto la cabeza entre la hierva, pero cuando vio el cartel se entristeció
tanto, pensando en los visitantes, que se hecho otra vez a tierra y se puso a
dormir.
Los únicos que seguían eran la nieve y el viento.
La gente gritaba: La primavera se ha olvidado de este jardín.
La nieve cubrió todo el césped y el hielo pinto de plata todos los árboles.
Entonces invitaron al viento del norte a pasar una temporada con ellos, y el
viento acepto. Llego envuelto en pieles y aullaba todo el día en el jardín,
derribando las chimeneas.
Este es un sitio delicioso, decía. – Tendremos que invitar al granizo a
visitarnos.
Llego el granizo, cada día durante unas horas azotaba los tejados, hasta romper
la mayoría de las pizarras, corría lo mas veloz que podía, su aliento era como
el hielo.
No puedo comprender como la primavera tarda tanto en llegar, decía el
Ecololisto, espero que el tiempo cambiara. Pero no llego, y el verano tampoco,
ni el otoño.
En estos jardines siempre era invierno, no tenía sentido cambiar de estación,
no lo visitaba nadie, la vegetación había crecido a sus anchas, no había
caminos, pistas ni senderos, todo estaba cubierto de vegetación.
Un día el gigante, estaba despierto en su cama y oyó un jilguero que cantaba
ante su ventana, hacia mucho tiempo que no oía un pájaro cantar y creyó que al
fin había llegado la primavera, abrió la ventana y el viento del norte ceso, el
granizo dejo de caer un perfume llego hasta el, a través de la ventana abierta.
El gigante, salto de la cama y se dirigió a la ventana, que es lo que vio?
Por una brecha abierta en el muro, los 4x4 estaban circulando por sus pistas,
las mujeres estaban cogiendo flores y los niños se estaban subiendo a los
árboles, estos estaban tan contentos que se llenaron de capullos y con sus ramas
jugaban con ellos. Solo en un rincón continuaba siendo invierno, era un rincón
muy apartado del jardín y allí se encontraba un niño muy pequeño, tan pequeño
era que no podía alcanzar las ramas del árbol, el pobre árbol seguía aun
cubierto de hielo y nieve.
-¡Sube pequeño!- decía el árbol, y le tendía sus ramas tan bajo como podía,
pero el niño era demasiado pequeño. El corazón del gigante se estremeció al
contemplar el espectáculo.
-¡Que egoísta he sido- se dijo. – Ahora comprendo por que la primavera no ha
venido hasta aquí.
Voy a subir al niño al árbol, derribare el muro y mi jardín será el parque de
recreo para todos los amantes del monte, para siempre.
Se precipito escaleras abajo y salio al jardín, pero todos los que allí
estaban, cuando lo vieron huyeron corriendo, y el jardín volvió a ser invierno.
Solo el niño pequeño no corrió, sus ojos estaban tan llenos de lagrimas, que no
vio acercarse al gigante, el gigante lo cogio cariñosamente en su mano y lo
coloco sobre el árbol. El árbol floreció inmediatamente, los pájaros fueron a
cantar en el, y el niño extendió sus bracitos, rodeo con ellos el cuello del
gigante y le beso.
Cuando los demás vieron que el gigante ya no era malo, volvieron y la primavera
volvió con ellos.
El gigante derribo el muro de se convirtió en el mas hermoso jardín que jamás
se había visto.
El gigante participaba con todos los que entraban en el jardín a jugar y quería
ver al niño del árbol, pregunto a todos por el y nadie supo quien era, no lo
habían visto antes de aquel día, el gigante se quedo muy triste.
Los años transcurrieron y el gigante envejeció mucho, sentado en su gran sillón
miraba como jugaban es el jardín.
Una mañana invernal miro por la ventana, en un rincón del jardín había un árbol
cubierto de hermosos capullos. Sus ramas eran doradas, frutos de plata colgaban
de ellas y debajo, de pie, estaba el pequeño al que tanto quiso.
El gigante salio corriendo hacia allí y al legar junto al niño, su cara
enrojeció de cólera y exclamo:
-¿Quién se ha atrevido a herirte?- Pues en las palmas de sus manos y de sus
piececitos se veían las señales de clavos.
-No- replico el niño, pues estas son las heridas del amor.
-¿Quién eres? – Dijo el gigante; y un extraño temor lo invadió, haciéndole caer
de rodillas ante el pequeño.
Y el niño le sonrió al gigante y le dijo:
- Una vez tu me dejaste jugar en tu jardín, hoy vendrás conmigo a mi jardín,
que es el paraíso.
Relato
basado en un cuento de Oscar Wilde
Fullettortuga - 2005 |