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Caía la noche, era navidad, un
manto de nieve cubría el monte, estaba todo tranquilo, el ruido dormía y en la
oscuridad solo se escuchaban el ruido de los animalitos.
En una casa hecha de hojas y barro vivía la tortuga TT, era una tortuga
alegre, con grandes ojos y patitas cortas, miraba embobada los copos de nieve
caer lentamente como si estuvieran bailando una danza.
En el monte también vivían otros animalitos, pero eran muy orgullosos y
presumidos, solo el grillo Clubin quería de verdad a la tortuga.
Era un grillo negro, pero muy educado y elegante, tenía un bonito sombrero
que solo se ponía en grandes ocasiones.
En esta noche de navidad la tortuga y el grillo les ilusionaba mucho ver el
pesebre que habían colocado unos amigos en un precioso lugar de las montañas de
Prades. Querían cantarle villancicos, se pondrían un poco tristes al estar
solitos, pero enseguida recordarían la alegría del día en que colocaron el
pesebre, y todas las penas se marcharían.
La tortuga y el grillo, se prepararon para ir al paraje del Pla de la
Guardia, TT se puso su chaleco y una bufanda y Clubin su sombrero de copa.
Según iban subiendo por el monte, algunos animalitos se burlaron de ellos
diciendo: ¡Mirad que pintas llevan, se creen muy finos!.
Pero no le dieron importancia y siguieron el camino.
Al poco tiempo oyeron un gemido, cada vez lo oían mas cerca. De pronto
descubrieron a un pobre saltamontes que estaba helado de frío.
Que te, pasa? dijo TT.
Estaba paseando y se me hecho la noche encima, me quede tan helado que no
podía moverme. Los animalitos me vieron pero no me ha ayudado ninguno.
Ves Clubin, dijo TT, todos son muy orgullosos, pero no tienen corazón.
La tortuga y el grillo, le prestaron sus ropas y lo cuidaron hasta que entro
en calor.
El saltamontes agradecido, les dijo:
Conozco un lugar donde hay un Belén tan bonito que no se os olvidara nunca, al
saber que hablaban del mismo, allí se fueron los tres.
En una cunita, había la figurita de un niño realizada con metal, la tortuga
vio en el una mirada tan dulce, que se le escapo una lagrima.
Se acerco a el, despacito y le susurro al oído: Ya se, que eres Jesucristo,
que amas mucho a los niños, yo también. Tal vez juntos podríamos luchar para que
siempre sean felices y no lloren. ¡No Quiero que se odien!, ¡Creemos entre todos
un mundo mejor!. Se que solo eres un trozo de metal, y a los que me miran
pensaran que soy una tortuga loquita, pero se que me escuchas.
La tortuga se dio la vuelta y de repente el grillo chillo: ¡Tortuga,
tortuga, el niño ha sonreído!
Era verdad, una gran sonrisa iluminaba la cara del niño Jesús.
Tal vez el niño no sonrió, pero lo importante es que en nuestro corazón
tengamos tanto deseo de amor como la tortuga, que nos haga creer hasta lo que no
es real.
Un abrazo a todos
Fullettortuga y familia |