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El punto de reunión en
esta ocasión era en el Hotel Mora Park de Mora la Nova,
pero el inicio de la ruta era en Mora de Ebro,
reencuentros, presentaciones, inscripciones y entrega de
rutómetro, aunque de poco sirvió esta vez, como veremos
mas adelante.




La primera variación del
rutómetro fue en el itinerario que asciende hasta cerca
de la Picosa, aparte de estar posiblemente embarrado y
ser peligroso, unos días antes recibimos una
notificación de Medio Natural, en ella nos decían que no
circuláramos por algunos lugares, el motivo fue que en
ellos habían nidos del águila Cuabarrada y precisamente
en estos días los polluelos habían salido del caparazón,
durante los primeros días son muy vulnerables,
molestarlos puede ser fatal, así que por otras pistas
nos dirigimos a un bonito lugar, las ermitas de San
Jeroni y Santa Madrona, que se utilizaron como hospital
de campaña del ejercito republicano.



En este mismo lugar comenzamos a pisar las pistas de
tierra, nos dividimos los 17 vehículos en dos grupos,
las pistas estaban algo embarradas, primero era divertido,
mas tarde en el descenso que nos llevaría cerca de la
Venta de Camposines, la cosa se iba complicando, los
coches descendían bailando un vals, llegamos todos sin
problemas al asfalto.




La Venta de Camposines es un nudo de
carreteras que tuvo un gran valor estratégico en la
batalla, estuvo bajo el dominio republicano desde el
inicio de la ofensiva el 25 de julio de 1938 hasta el 9
de noviembre del mismo año, en que las tropas del
general Yague la ocuparon.
Actualmente en el lugar se ha levantado un mausoleo, donde
depositar los restos de los combatientes de ambos bandos
que se encuentran por los montes cercanos y tener una
digna sepultura.
Un grupo de paneles, relatan las historias y vivencias de algunos
soldados en la contienda.
Subiendo unas escaleras del hormigonado monumento, que simboliza un
nido de ametralladora visto desde lejos, se encuentra la
ermita de San Bartomeu del siglo XIII, se cree que en
lugar existió un pequeño pueblo medieval, siendo esta su
iglesia.




Y seguimos sin seguir el rutómetro, la
pista que nos tenia que llevas a las Deeves, estaba
recién arreglada con una capa de la arcilla de la Terra
Alta, circular por ella es muy complicado, las ruedas ni
se hunden, se llenan los dibujos de esta arcilla y el
coche se desliza por la superficie como si fuera una
capa de hielo.
En en parking de las Deeves solo cabía un grupo, así que el segundo
aparcamos en la entrada de una pista que lleva a las
obras del parque eólico, muy cerca de donde se grabo el
programa de TV3 "Sota Terra", emitido el 14 de junio.
Ver >>>
Las Deeves es un grupo restaurado de defensa del ejercito
republicano, protegían el camino a la Fatarella y
resistieron alli a las tropas franquistas en su avance
hacia el Ebro, cuando ya se acercaba el final de la
contienda, se pueden ver varios refugios, uno de gran
tamaño que servia para el descanso de los soldados y
otros mas pequeños en los alrededores, en la parte
superior varias trincheras restauradas en forma de
zigzag para evitar la metralla en caso de caer una
granada en su interior.



*


Las pistas hasta Vilalba
dels Arcs estaban también con barro, otra vez a bailar,
los dos grupos llegamos sin novedad a la población,
desde allí nos dirigimos a otro de los puntos
recuperados de la Batalla del Ebro, Els Barrancs, uno de
los puntos mas lejanos en la incursión republicana, allí
pudimos ver centenares de metros de trincheras con sus
vías de escape y municionamiento, puestos de tirador y
algún nido de ametralladora. La visita se prolongo hasta
las 12.00 horas, nadie tenia prisa por partir, pero a
las 12.30 horas nos esperaban en la población para
visitar el museo "Soldats a les Trinxeres".




Recomendable visitarlo, una gran pantalla nos muestra la vida de
los soldados en la contienda, unos paneles con objetos
rescatados por los montes, nos van informando de lo que
comían, como vestían, como se lavaban..., en ambos
bandos era muy diferente, hay que verlo.
Para poder visitarlo, se debe concertar la visita al teléfono: 977
421 528.
Hora de comer, muy cerca de allí nos esperaban en el Bar Moderno,
comida exquisita y buen trato, nos lo tomamos con calma,
mientras íbamos trazando mentalmente rutas alternativas
para seguir, el cielo no pintaba nada bien.





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