|
Normalmente no explicamos como se organizan los viajes a
Marruecos, de hecho es como los que se organizan por
España, salimos un par de coches, varios GPS, mapas, Pcs
y al viaje, pensando siempre que después podemos pasar
por allí con vehículos con diferentes clases de
preparaciones, día a día vamos anotando las rutas y
separándolas por grado de dificultad.
Las rutas mas aventureras son las que nos gustan a la mayoría,
lógicamente tienen un pero, es la falta de alojamientos
de cualquier clase, la acampada es obligada, pero una
experiencia que vale la pena vivirla,
A principios de octubre, salimos hacia el vecino continente:
Manolo, Juani, Manel, Eva, Pili y Carlos con un HDJ-100
y un HDJ-80, la idea era crear una ruta para fin de año
y el tiempo que nos sobrara, lo dedicaríamos a buscar
unas rutas nuevas por el este del país.
El día 3 por la mañana, embarcamos en el puerto de Almería, el
papeleo y acceso fue rápido, apenas unos minutos, la
idea era prepararnos unos bocatas en el coche y apenas
los terminamos nos llamaron con un silbido.

No tardamos en zarpar, unos refrescos en la
cafetería, mas tarde los bocatas y control de pasaportes
en el propio barco, al ser unas fechas poco concurridas
de viajeros, tardamos apenas unos minutos, después
compras de licor y tabaco bastante mas barato que en
España y camarote a descansar, el viaje en estas fechas
dura hasta 8 horas.
Yo tenia el vehiculo situado el primero para desembarcar, Manolo
estaba en otra parte del ferry de los últimos, delante
del coche unas motos que no dejaban salir, allí se
empieza a ver el raro comportamiento marroquí, en todos
los lugares del país el lema "la prisa mata es una
constante", la pachorra va por todos lados, no tienen
prisa por nada, pero en cuanto se acomodan detrás de un
volante se transforman en puro nervio, tienen prisa para
todo, en los semáforos acompañan el cambio de colores
con el claxon y arrancan, aunque tengan coches parados
delante, ver para creer. Pues bien al final pude
desembarcar, pero el ultimo, los señores de las motos
parece ser que no se habían enterado que el ferry había
llegado.
Parada en la aduana marroquí, papeleo del coche en el interior de
un precioso edificio y sin mirar apenas los coches nos
dan la entrada oficial al país, el primer contacto es
atravesar
Nador, pero sorpresa, han construido una
circunvalación y actualmente es un flas, controles
policiales en varios puntos a los que saludamos con la
mano y carretera y manta, son las 15 horas y tenemos
hambre, pararemos un poco mas adelante.
La intención era dirigirnos a Taourirt, sabíamos que por allí no
habían plazas hoteleras de calidad, pero de todas formas
queríamos comprobarlo, después de un alto en el arcen
para comer el bocata, seguimos, llegada a Taourirt, gran
pueblo con dos hoteles, los vemos desde la calle y mejor
seguir sin ni siquiera entrar, volvemos carretera atrás
dirección a Guercif, también teníamos noticias de la
falta de hoteles y es verdad, existen algunos, pero
mejor ni mencionarlos, mas adelante a la altura de Msoun
un bonito edificio en forma de Kasba a la izquierda,
preguntamos en el restaurante y nos enseñan las
habitaciones, la verdad es que el lugar podría ser un
palacio si estuviera cuidado, las habitaciones dan pena.
Llegamos a Taza, otra ciudad grande, ya no buscamos
hoteles, queda muy apartado de la ruta prevista, allí
mismo decidimos buscar un lugar para acampar y nos
desviamos por pista asfaltada que se dirige a unas
famosas grutas, en medio de la montaña acampamos, es
bastante tarde y el lugar nos parece perfecto, allí
estrenamos la quechua de dos habitaciones y comedor de
montaje rápido, preparamos la cena y un poco de
tertulia, nos acostamos pronto, llevábamos 24 horas sin
dormir, pues el viaje hasta Almería lo habíamos hecho de
noche.

Al estar solo una semana, decidimos no cambiar la
hora de los relojes, en aquel momento la diferencia
estaba en dos horas, mejor así, no teníamos que
acostumbrar a nuestros estómagos para una semana, a las
siete menos siete de la mañana sonó el despertador, era
de noche total y nos fuimos levantando casi todos, Juani
no, pero lo que hizo fue excomulgarnos, donde íbamos a
aquellas horas?, en Marruecos eran las cinco, se dio
media vuelta y siguió durmiendo un rato mas, desayunamos
y media hora mas tarde Juani ya estaba levantada, olio
el café y el humo de algún cigarrillo, seguro.
La verdad es que el lugar era precioso, se trataba de una especie
de merendero bajo unos grandes árboles, a nuestro lado
un profundo barranco de rojiza arcilla al que el agua le
había dado unas curiosas formas, le falto tiempo a Manel
a Explorarlo, mientras Eva saludaba a unas cabras que
pastaban en el lugar.
Recogimos el campamento y volvimos sobre nuestros pasos, debíamos
dirigirnos a
Meknes para visitar unos hoteles que
teníamos en la agenda y ver el mas adecuado para las
excursiones.
Cruzamos Fez seguidos por un guía en mobilette, le dijimos varias
veces que no nos pararíamos a visitar el zoco ni la
ciudad, que solo estábamos de paso, al final nos dieron
las risas, iba del coche de Manolo al mío queriéndonos
convencer, al final creo que lo acepto, o se le acabo la
gasolina, no se.
A la salida de
Fez, equivocación de carretera y cuando íbamos a
realizar el cambio de sentido, vemos unos olivos en
medio de un campo que dan una sombra perfecta para
comer, en pocos minutos ya estábamos preparando las
mesas, Manolo maniobra el coche para acercarlo a la
sombra y se oye un soplido en la rueda delantera derecha
cada vez que gira, lo comprobamos y vemos que un cristal
le ha hecho un pequeño corte a la cubierta, decidimos
comer y después ya se reparara.
El lugar nos ofrece unas vistas magnificas de
Fez, estamos cerca y
tranquilos, no nos molesta nadie, varias personas pasan
por nuestro lado y nos saludan con simpatía, nos
zampamos unas latas y sin prisa un buen café, reparamos
la rueda con macarrones y seguimos camino, esta vez por
la carretera correcta.



En
Meknes repostamos, después de visitar los
hoteles debíamos seguir por el Atlas y queríamos
afrontarlo con los depósitos llenos, el primer hotel que
visitamos nos pareció de maravillas y emprendimos viaje
hacia Kenifra y cuando faltaba poco para la puesta del
Sol, cerca de El Borj nos desviamos del asfalto y
acampamos cerca de una casa de labranza en un bonito
lugar, montamos la tienda y tertulia con aperitivo, se
acercaron unas niñas de la casa y nos dieron la
bienvenida con mucha simpatía, les dimos unos regalos y
preparamos la cena, al poco se acerco el padre de los
niños que igualmente nos dio la bienvenida y por señas
nos indico que si nos faltaba algo fuéramos allí, creo
que también quería que fuéramos a tomar un te, pero era ya muy tarde.
Mientras con la pala habíamos hecho un hoyo y quemamos la basura
totalmente, las latas quemadas las tapamos con tierra,
así se degradan en muy poco tiempo.
Corta tertulia nocturna y todos a las habitaciones, la verdad es
que la tienda nos iba de fabula, cabíamos ampliamente
las tres parejas.


Siete menos siete de la mañana diana, todos en pie
menos Juani, claro, desayuno y ruta hacia el Atlas, la
idea era atravesarlo todo y dormir a la altura de las
Gargantas del Todra, pero solo era la idea, seguimos la
pista asfaltada y quedamos sorprendidos de las
cantidades de cebollas que había almacenadas a lo largo
de la carretera, se trataba de unos largos montículos
del tamaño de un coche y de unos 50 mts. de largo,
rodeados de un pequeño muro de piedra, las había a
toneladas, increíble, los paisajes ya empezaban a ser de
el pre-Atlas, el día era soleado y perfecto.
Un alto en el centro del pueblo de
Arhbala para comprar un pollo
(queríamos hacer una paella esta noche), pan y agua, el
pueblo era muy tranquilo, los niños debían estar en la
escuela y la gente muy amable, vimos que en el pueblo
habían dos gasolineras, cosa que anotaremos en el
apartado lugares y seguimos ruta.



Aviso del centro de datos Manel, al que llevaba en
el asiento de atrás con toda la informática en marcha,
podemos acortar por un atajo, nos salimos de la pista
asfaltada y el camino se convirtió en una entretenida
trialera hasta llegar a un oued que llevaba algo de
agua, Manolo iba delante y la dirección pintaba bien, de
hecho no teníamos grabada ninguna ruta que pasara por
allí, pero iba en dirección adecuada, así que nos
metimos de lleno en el oued y vadeos al canto, uno
detrás de otro, buscando camino, no habían señales de
que por allí hubiera pasado ningún vehiculo, pero
seguimos adelante durante 20 km. hasta llegar a la
altura de un puente artesanal de cuerdas y tablones, a
la izquierda pudimos divisar un poblado realizado todo
de adobe, seguimos por debajo del puente y a nuestra
izquierda se podían ver campos de cultivo muy bien
cuidados, Manolo se acerco a unas mujeres que estaban
labrando y del entrego algo de ropa, no se pudo entender
con ellas de si había salida, así que seguimos adelante
hasta encontrar a unos muchachos que nos indicaron que
no había salida, Manolo que iba delante siguió un poco
mas y se quedo literalmente clavado en un vadeo que
parecía de arenas movedizas, por suerte no se hundió
mucho pero se quedo sin tracción, pude pasar por su lado
con bastante inercia y utilizamos el cabrestante por
primera vez desde un terreno bastante duro, tiron y
fuera.
Con mucha dificultad para entendernos, los muchachos que estaban
allí nos dijeron que no sabían como estaría el curso del
oued mas abajo, no era normal ver coches por allí, el
pueblo que teníamos a nuestra izquierda solo se podía
acceder por aquel pequeño puente, no se podía llegar con
vehículos, solo a pie o con mulas, así que decidimos dar
media vuelta, el tiempo corría y podíamos perder todo el
día, pero lo dejamos el track grabado y pendiente para
explorarlo otro ocasión desde la posible salida y
ascendiendo hasta este lugar.
De vuelta, en una bonita sombra nos detuvimos para comer, montamos
el tenderete, abrimos unas latas y sin prisa repusimos
fuerzas, un buen cafetito y río arriba hasta encontrar
el asfalto del que veníamos antes de entrar en el oued.


Seguimos la pista asfaltada
que asciende al Atlas, los paisajes impresionantes,
vimos el daño que el agua había dejado en la pista y
alrededores, era espectacular, en algunos lugares se
había llevado literalmente docenas de metros de asfalto,
de pronto delante nuestro el lago Tislit, totalmente
lleno, la vista era de postal.
Era ya muy tarde, el oued nos había retrasado mucho, pero nos lo
habíamos pasado de fabula, porque nos gustara tanto el
agua?, fuimos a saludar a la dueña del albergue que esta
en el lago, habíamos estado allí hacia
dos años por
Semana Santa y se acordaba de nosotros a Pili la recibió
con un fuerte abrazo y besos, decidimos quedarnos allí,
habían habitaciones en el albergue, pero preferimos
alojarnos en la jaima que estaba montada en el exterior,
la preparo su ayudante en un flas: colchones, mantas,
mesas, sillas, allí no faltaba de nada, de todas formas
montamos nuestras mesas, queríamos montar los
ordenadores para reorganizar y planear rutas.
Aquella noche cenamos en el albergue, la conversación del ayudante
en árabe para informarnos que el tajin era de cordero nos hizo
descojonar a todos, se ponía las manos al lado de la
cabeza y hacia que aceleraba una moto. La comida
exquisita y abundante, el lugar es aconsejable.
No era muy tarde que nos acostamos, las camas que nos habían
preparado con unos gruesos colchones eran muy cómodas,
decidimos la hora de salir y dijimos que nos
levantaríamos a la misma hora de cada día, todos menos
una lo aceptamos.



Temprano como ya es costumbre, cargamos los coches y
aprovechamos para ver una salida de Sol bellísima con el
lago a nuestros pies, desayunamos y dejamos unos bolígrafos
y libretas para la escuela cercana, nos despedimos e
iniciamos viaje hacia las
Gargantas del Todra, atravesando todo el Atlas.





En este recorrido hay dos cosas
que impresionan, las grandes montañas y a sus pies los
grandes, mas que grandes, inmensos campos de cultivo que
se alargan cientos de Km. a lo largo del oued, están
perfectamente cuidados y dan una bonita estampa al
paisaje.
Por el camino y a lo largo de muchos km. encontramos pequeñas
brigadas de obreros arreglando puentes, pasos de agua,
construyendo muros, total, que estaban preparando el
terreno para poner asfalto, mas adelante nos desviamos
por caminos provisionales durante varios km., el
movimiento de tierras con maquinaria pesada era bastante
importante, frente nuestro una gran giratoria estaba
literalmente arrancando grandes rocas y las estaba
arrojando al precipicio de varios cientos de metros de
profundidad, tuvimos que detenernos, allí no podía pasar
nadie, cuando vio que éramos varios vehículos esperando,
limpio el terreno y nos dejo pasar bordeando el
precipicio, a partir de allí un descenso que
recordábamos con simpatía, el paisaje es impresionante,
el camino es como una larga serpiente que rodea los
montes hasta donde llega la vista, pero pronto el color
de la pista cambiara, cuando la cubran de asfalto.
Unos Km. antes de entrar a las gargantas, vimos un bonito hotel a
nuestra izquierda, parecía de reciente construcción, sin
pensarlo dos veces entramos en el parking y nos salieron
a recibir, lo visitamos y la verdad es que era nuevo y
muy bonito, con muchos detalles en todas las
instalaciones, nos tomamos un te a la menta con su
director y decidimos que seria uno de los hoteles para
nuestros viajes.



Hacia varios años que no cruzábamos las
Gargantas del Todra, por un lado vimos la gran
rotura de la carretera a su entrada, debido a las
lluvias, por otro lado, aquellas gargantas que tanto nos
impresionaron, lo siguieron haciendo, pero de una forma
diferente, parecía un mercadillo dominical, tenderetes
por todas partes de ventas de pañuelos, recuerdos..., el
turismo masivo había llegado allí, el hotel que se halla
en su interior ha crecido enormemente, autocares por
todas partes, pero que le vamos a hacer es el progreso y
un lugar precioso fácil de acceder, solo salir de las
gargantas, los albergues y hoteles se han multiplicado
por doquier, pero sigue siendo un lugar digno de
visitar.
Siguiendo por la concurrida carretera, el gran palmeral de
Tinerhir, nos detuvimos en el pueblo a repostar y
cambiar algo de moneda en uno de sus bancos, seguimos unos km. de carretera hasta encontrar el enlace
de la etapa que debíamos trazar y que nos llevaría al
Erg Chebbi, de hecho solo teníamos unos points de
referencia y esto prometía.


Solo dejar la carretera atrás, la estampa del
paisaje era puramente sahariana, parecía que de un
momento a otro nos iba a aparecer una jirafa, los
caminos apenas tenían marcas del paso de vehículos, eran
muy poco transitado, su estado el perfecto para una
conducción divertida, las acacias nos acompañaron muchos
km en esta larga etapa al pie de unos altos acantilados,
en algún paso de oued se debía afinar la trazada, las
lluvias también habían pasado por allí dejando su marca,
pero esto lo hacia mas divertido.
Fuimos pasando por encima de los points sin dejarnos ninguno, uno
de ellos nos llevo a unas ruinas en medio de la nada e
hicimos una parada para estirar las piernas y realizar
alguna foto del lugar, vinieron a nuestro encuentro unos
pastores, no pedían nada, solo que querían hacer de
guías para que pudiéramos salir de allí, decían que nos
perderíamos, que por allí no se veían apenas vehículos,
les dimos las gracias y seguimos ruta sobre nuestros
points, era mas divertido.




El Sol estaba bajando en el
horizonte, a nuestra derecha unas grandes dunas, sin
pensarlo dos veces decidimos que acamparíamos allí, el
lugar era perfecto, así que nos preparamos para montar
el campamento, también decidimos hacer la paella.
Mientras yo con las mujeres montaba la quechua, Manolo y Manel
fueron en busca de leña, solo habían acacias, alguna que
estuviera seca seria el combustible para el fuego, se
llevaron el 80 para poner las ramas en la baca y no
ensuciar mas los interiores, además por los pinchos que
tienen, a eslingazos cortaron varias ramas secas y
regresaron al campamento.
En un periquete el fuego estuvo en marcha, las féminas ya tenían
preparados los ingredientes, a los que se le añadieron
algunas latas de lo mas variopinto, así fue
anocheciendo, a lo lejos pudimos ver una pequeña luz, la
llanura era tan inmensa que no hicimos caso, mientras se
terminaba la paella y comíamos algo de aperitivo, la luz
parecía que se iba moviendo, que si, que no, y lo
dejamos correr. Una media hora después vimos que si se
acercaba la luz, incluso empezamos a oír el ruido de un
motor, el silencio del lugar ayudaba a ello, quisimos
adivinar por el ruido que era lo que venia hacia
nosotros, alguien dijo que era un tractor y cuando
estaba a pocos metros vimos que si lo era, era un
tractor con un remolque cargado de sacos hasta arriba,
bajo de el un muchacho y nos saludo con una reverencia,
simplemente y según sus costumbres había venido a comer,
no nos pudimos entender con el, no hablaba francés ni
español, le ofrecimos una silla y le servimos un gran
plato de arroz, no quiso vino y se sirvió un vaso de
agua, espero a que todos estuviéramos comiendo para
empezar el, el arroz estaba buenísimo, habíamos hecho
mucha cantidad, no he entendi porque Juani midió con una
taza las raciones y cuando acabo le tiro media bolsa de
propina..., el invitado cuando termino su plato le
dijimos por señas si quería mas, de la misma forma nos
dijo que no, se bebió el vaso de agua de un tiron, se
levanto de la mesa y se despidió de todos dándonos las
gracias con la mano encima del corazón.
La tertulia aquella noche fue sobre las costumbres del país, son
muy curiosas pero a la vez muy humanas, en los años que
llevamos visitando Marruecos si algo hemos encontrado
siempre es la hospitalidad desinteresada, algunas veces
pienso y creo que debiéramos ser menos materialistas,
ganaríamos en calidad de vida.
Una noche mas nos acostamos bajo un silencio absoluto, allí en
medio de la nada, el pueblo mas cercano según el mapa
estaba a unos 50 km., alguna noche habíamos quedado
embobados mirado las estrellas, sin la contaminación
lumínica las hay a miles, nos tirabamos rato y rato
observándolas, perdíamos la noción del tiempo.


Siete menos siete de la mañana, todos menos una en
pie, desayuno y ruta, esta vez arrancamos con el sol, la
ruta seguía por inmensas llanuras hasta llegar a un
punto que se convirtió en una circulación fuera de
pista, simplemente porque no existía esta, debíamos
enfilar hacia el point y así uno tras otro, el terreno
permitía circular a un ritmo alegre al carecer de
obstáculos destacables, fue durante unas horas una
conducción muy divertida con su toque de aventurilla.
Durante la mañana apenas encontramos a nadie, salvo una jaima de
pastores a los que nos detuvimos a saludar, cuando nos
acercábamos al estrecho de Maharch, empezamos a
ver civilización e hicimos una parada para estirar las
piernas, se acerco el encargado del albergue que hay en
el estrecho y nos dio información sobre el, cosa que
agradecimos, el lugar es muy bonito y alguna futura
etapa tendrá posiblemente su fin allí.





El paso del oued Rheris por donde nos marcaba el
point fue imposible, había gran cantidad encharcada de
agua de las ultimas lluvias, de hecho estuve en el
estrecho esta Semana Santa y el estrecho y sus
alrededores estaban prácticamente inundados, la estampa
esta vez había cambiado mucho, buscamos un paso
empedrado y pudimos cruzarlo sin problemas, nos
divertimos circulando unos centenares de metros por las
dunas hasta volver a la pista que nos llevaría al
próximo point que se trataba de la Kasba del Portugues,
allí nos encontramos con otro grupo de aventureros que
se dirigían al estrecho, pero atravesando el mar de
dunas por su parte mas complicada, visitamos las ruinas
y antes de partir vimos a lo lejos el grupo de coches,
estaban todos atascados en una larga duna, se lo estaban
pasando bien, según nos contaron era lo que buscaban.
Este lugar es el punto de destino de muchas rutas organizadas, a
partir de allí una larga pista sin dificultad que
permite llevar un ritmo alegre nos llevo a
Taouz, asfalto y frente nuestro las dunas del Erg
Chebbi.





Solo llegar a la altura de
Merzouga, nos dirigimos al lago para comprobar como
estaba, allí seguía con la misma agua que hacia unos
meses, la que no estaba era la de delante de los
albergues, en
Semana Santa eran verdaderos mares, ahora habían
vuelto a la normalidad.
En línea recta nos dirigimos al albergue Amazir, lugar donde nos
reciben siempre como en familia, sin preguntar nada ya
nos habían preparado una mesa para comer, después nos
aseamos y dedicamos la tarde a ultimar preparativos por
la zona, la noche la pasamos en el albergue, estábamos
contentos porque habíamos finalizado el trabajo de
organización para la ruta de fin de año, a partir de
aquí íbamos a empezar una aventurilla por lugares en
parte totalmente desconocidos, pero esto será ya otro
relato.



|